La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¿Qué nuevas brujerÃas se habrá inventado Tops? —preguntó St. Clare—. Ella es la causante de este escándalo, estoy seguro.
Y un momento después apareció la señorita Ophelia, altamente indignada, arrastrando a la culpable con ella.
—¡Ven aquà fuera ahora mismo! —dijo—. ¡Se lo voy a contar a tu amo!
—¿Qué ocurre ahora? —preguntó St. Clare.
—¡Ocurre que no voy a dejarme atormentar más por esta niña! ¡Es insoportable; no hay quien la aguante! La he encerrado y le he dado un himno para memorizar; ¡y lo que ha hecho ha sido fisgar dónde he puesto la llave y ha ido a mi escritorio y ha sacado el adorno de un sombrero y lo ha cortado para hacer unas chaquetas de muñeca! ¡Nunca he visto nada igual en toda mi vida!
—Ya te dije, prima —dijo Marie—, que descubrirÃas que no se puede educar a estas criaturas sin severidad. Si de mà dependiera —dijo, mirando con reproche a St. Clare—, la mandarÃa fuera y la harÃa azotar bien azotada. ¡La harÃa azotar hasta que no pudiera tenerse en pie!
—No lo dudo —dijo St. Clare—. ¿Qué me vas a contar a mà del maravilloso gobierno de la mujer? ¡No conozco más de una docena de mujeres que no sean capaces de medio matar un caballo o a un criado si de ellas dependiera, sin hablar de los hombres!