La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Al final, Tom no dormÃa en su propio cuarto sino que pasaba toda la noche en el porche exterior, preparado para levantarse en cuanto lo llamaran.
—TÃo Tom, ¿por qué demonios te ha dado por dormir en cualquier lado como un perro? —preguntaba la señorita Ophelia—. Yo creÃa que eras una persona disciplinada, y que te gustaba dormir en la cama como un buen cristiano.
—Sà me gusta, señorita Feely —decÃa Tom con tono misterioso—, sà me gusta, pero ahora…
—Ahora, ¿qué?
—No debemos hablar fuerte para que no nos oiga el señorito St. Clare; pero, señorita Feely, usted sabe que alguien tiene que esperar la llegada del novio.
—¿Qué quieres decir, Tom?
—Sabe usted lo que pone en las Sagradas Escrituras: «A medianoche hubo un gran alboroto. Mirad, se acerca el novio». Eso es lo que yo espero ahora, noche tras noche, señorita Feely; y no puedo dormir donde no lo pueda oÃrlo.
—¿Qué te hace creerlo, tÃo Tom?
—Es por lo que me cuenta la señorita Eva. El Señor envÃa su mensajero al alma. Debo estar allÃ, señorita Feely, porque cuando esa niña bendita entre al reino, abrirán tanto la puerta que podremos asomarnos a ver la gloria, señorita Feely.