La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Sin embargo, en el semblante de la niña no habÃa ninguna marca espantosa; sólo una expresión noble y casi sublime, la presencia dominante de naturalezas espirituales, los albores de la vida inmortal en el alma infantil.
Se quedaron tan inmóviles mirándola que incluso el tictac del reloj parecÃa demasiado fuerte. Unos momentos más tarde, regresó Tom con el médico. Éste entro, le dirigió una mirada y se quedó tan callado como los demás.
—¿Cuándo tuvo lugar este cambio? —preguntó a la señorita Ophelia en un leve susurro.
—Al filo de la medianoche —fue la respuesta.
Marie, despertada por la llegada del médico, apareció de repente desde la habitación de al lado.
—¡Augustine!, ¡prima! ¿Qué ocurre? —empezó bruscamente a decir.
—¡Calla! —dijo St. Clare con voz ronca—. ¡Se muere!
Mammy oyó sus palabras y corrió a despertar a los criados. Pronto toda la casa estaba levantada; se encendieron luces, se oyeron pisadas, el porche se llenó de caras ansiosas, que miraban entre lágrimas a través de las ventanas; pero St. Clare no oÃa ni veÃa nada. Sólo veÃa aquella mirada en el semblante de la pequeña durmiente.