La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Reencuentro
Fueron pasando las semanas en la mansión de los St. Clare y las olas de la vida volvieron a su ritmo acostumbrado tras el hundimiento de la pequeña nave. Porque el curso duro, frío y aburrido de las realidades cotidianas sigue imperiosamente adelante haciendo caso omiso de nuestros sentimientos. Aún debemos comer, beber, dormir y despertar; aún debemos regatear, comprar, vender, preguntar y responder, en otras palabras, perseguir mil sombras aunque haya desaparecido todo nuestro interés por ellas; el frío y mecánico hábito de vivir permanece aunque hayamos perdido el incentivo vital.
Todos los incentivos y esperanzas de la vida de St. Clare se habían concentrado de manera inconsciente en torno a su hija. Por Eva dirigía su hacienda; por Eva organizaba su horario; y llevaba tanto tiempo haciendo esto y aquello por Eva —comprando, mejorando, modificando, preparando o disponiendo alguna cosa por ella—, que ahora que se había ido, parecía no tener nada que pensar y nada que hacer.