La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Era verdad que había otra vida, una vida que, una vez que creemos en ella, representa una figura solemne y significativa entre las cifras del tiempo que sin ella no tienen sentido, elevándolas a sistemas de valores misteriosos y desconocidos. St. Clare sabía bien esto; y, con frecuencia, en momentos de fatiga, oía la tenue voz infantil que lo llamaba desde el cielo y veía la pequeña mano que le señalaba el camino de la vida; pero pesaba sobre él un letargo doloroso que no le permitía levantarse. Tenía una de las naturalezas que conciben mejor las cuestiones religiosas desde sus propias percepciones e instintos que muchos cristianos prácticos y practicantes. El don para apreciar los matices más sutiles de las cuestiones morales y la sensibilidad para sentirlos a menudo son el atributo de aquellas personas cuya vida entera muestra una despreocupada negligencia hacia ellos. De ahí que Moore, Byron y Goethe a menudo utilicen palabras que describen con más sabiduría el verdadero sentimiento religioso que otro cuya vida es regida por él. Para tales mentalidades, la negligencia hacia la religión es una traición más terrible, un pecado más mortal.