La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom El almacén de esclavos
¡Un almacén de esclavos! Quizás algunos de mis lectores evoquen una visión espantosa de un lugar así. Imaginan un cuchitril hediondo y oscuro, algún horrible Tártaro informis, ingens, cui lumen adeptum[48]. Pero no, mi inocente amigo; en estos días, los hombres han aprendido el arte de pecar con pericia y elegancia, con tal de no escandalizar los ojos y los sentidos de la sociedad respetable. Las reses humanas tienen un buen lugar en el mercado; por lo tanto, son bien alimentadas, lavadas, atendidas y cuidadas para que puedan llegar boyantes, fuertes y relucientes a la venta. Un almacén de esclavos de Nueva Orleáns es una casa que, por fuera, se parece a cualquier otra, bien esmerada, donde todos los días se pueden ver, en una especie de cobertizo a lo largo de una de las paredes, hileras de hombres y mujeres, que están allí como muestra del género que se vende en el interior.