La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Señor, Señor, daos cuenta —dijo Sambo— de lo finos que somos!
—PertenecÃa a la familia St. Clare —dijo Adolph con orgullo.
—¡Vaya, vaya! Han tenido suerte de librarse de ti. Supongo que te van a vender junto a un lote de teteras agrietadas y cosas por el estilo —dijo Sambo, con una sonrisa provocativa.
Adolph, enfurecido por esta burla, se lanzó apasionadamente contra su adversario, jurando y golpeándole por todas partes. Los demás se reÃan y gritaban y el alboroto atrajo al encargado hasta la puerta.
—¿Qué ocurre, muchachos? ¡Orden, orden! —dijo, entrando y blandiendo un gran látigo.
Todos salieron despedidos en diferentes direcciones, menos Sambo, que, contando con sus privilegios a los ojos del encargado como bromista oficial, se mantuvo en su lugar, esquivando las embestidas del amo con una sonrisa humorÃstica.
—¡Caramba, amo, no somos nosotros… nosotros somos de fiar… son estos recién llegados; son muy molestos… se meten con nosotros todo el tiempo!
Al oÃrlo, el encargado se volvió hacia Tom y Adolph y, sin indagar más, les asestó unas patadas y manotadas y, ordenándoles que fueran todos unos buenos chicos y se durmieran, salió de la habitación.