La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Tom había estado examinando con añoranza la multitud de caras que lo rodeaba por si veía una que le gustaría fuera de su amo. Y si tú te ves alguna vez en la necesidad de elegir entre doscientos hombres a uno que fuera a ser tu amo y señor absoluto, quizás te dieras cuenta, tal como se daba cuenta Tom, de los pocos que hay a los que no te incomodaría pertenecer en cuerpo y alma. Tom veía gran cantidad de hombres: grandes, fornidos y hoscos; pequeños, vivaces y secos; altos, flacos y curtidos; y cada variedad de hombres gordezuelos y corrientes, que recogen a sus semejantes como se recogen astillas, para echarlas al fuego o guardarlas en un cesto con la misma despreocupación, según conviniera; pero no vio a ningún St. Clare.