La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡A buena hora iba yo a comprar alguno de los de St. Clare! ¡Son todos unos negros mimados, muy descarados! —dijo el otro.
—Eso no tiene importancia —dijo el primero—. Si yo los compro, no tardaré en bajarles los humos. Pronto verán que se las tienen que ver con un amo muy diferente a Monsieur St. Clare. Creo que compraré éste. Me gusta su aspecto.
—Ya verás cuánto te cuesta mantenerlo. ¡Es terriblemente manirroto!
—Ya verá el señorito que conmigo no podrá ser tan manirroto. ¡Espera que lo mande unas cuantas veces a la casa de castigo para que lo pongan en su lugar! ¡Ya verás si lo hago entrar en razón! ¡Oh, yo lo reformaré, cueste lo que cueste, ya lo verás! ¡Lo voy a comprar, estoy decidido!