La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Bajo una magnífica cúpula, se encontraban hombres de todas las naciones, paseándose de un lado a otro sobre el pavimento de mármol. Alrededor de toda la zona circular había pequeñas tribunas o púlpitos para que las utilizaran los asistentes y subastadores. Dos de estas tribunas estaban ocupadas ahora mismo por unos brillantes y hábiles caballeros que animaban con entusiasmo, en una mezcla de inglés y francés, las pujas de los expertos en sus diferentes mercancías. Una tercera, en el otro lado y aún sin ocupar, estaba rodeada de un grupo que esperaba que llegara el momento de iniciar la venta. Y aquí podemos reconocer a los criados de los St. Clare: Tom, Adolph y otros; allí también están Susan y Emmeline, esperando su turno con caras ansiosas y desanimadas. Varios espectadores, con o sin intención de comprar, examinan y comentan sus diferentes cualidades y sus rostros con la misma libertad con que los jinetes comentan los méritos de un caballo.
—Hola, Alf, ¿qué te trae por aquí? —preguntó un joven petimetre, dándole golpecitos en el hombro a otro joven bien vestido, que examinaba a Adolph a través de un monóculo.
—Bien, buscaba un camarero personal y me enteré de que vendían el lote de St. Clare: pensé echar un vistazo a éstos…