La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom La sangre se agolpa en las mejillas de su rostro exangüe, sus ojos muestran un fuego febril, y su madre se lamenta al ver que está más hermosa que jamás la haya visto antes. El subastador ve su ventaja y se extiende en su descripción en una mezcla de francés e inglés; las pujas se suceden rápidamente.
—Haré todo lo que pueda —dijo el caballero de aspecto benévolo, acercándose y uniéndose a las pujas. En unos minutos, han pasado del lÃmite de sus posibilidades. Se queda callado; el subastador se entusiasma, pero poco a poco se paran las pujas. El resultado está entre un ciudadano mayor y aristocrático y nuestro conocido de la cabeza de bala. El ciudadano aguanta unas vueltas más, para tantear despectivamente a su rival; pero la cabeza de bala le saca ventaja, tanto en terquedad como en fondos ocultos, y el duelo dura sólo un momento; cae el mazo… ¡tiene a la muchacha, cuerpo y alma, a no ser que Dios la ampare!
Su amo es el señor Legree, que posee una plantación de algodón en el rÃo Rojo. La empujan al mismo lote donde se encuentra Tom y dos hombres más y se marcha llorando.
El caballero benévolo lo siente; pero, ¡ocurre todos los dÃas! Siempre se ve llorar a las chicas y a sus madres en estas subastas; no hay remedio; y se aleja con su compra en otra dirección.