La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Tom se levantó desconsolado y se metió a trompicones en el barracón que le habían asignado. Muchos cuerpos dormidos yacían ya esparcidos por el suelo y el aire fétido casi lo ahuyentó; pero el rocío nocturno refrescaba y estaba cansado, por lo que se envolvió en una manta raída, su única ropa de cama, se tumbó sobre la paja y se quedó dormido.
En sueños, una suave voz sonó en sus oídos; se hallaba sentado en el musgoso banco del jardín junto al lago Pontchartrain y Eva, con sus serios ojos dirigidos a la Biblia, le leía las siguientes palabras:
«Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y los ríos no te desbordarán; cuando andes por el fuego, no te quemarás, ni las llamas prenderán en ti; porque soy el Señor tu Dios, el Sagrado Dios de Israel, tu Salvador».
Poco a poco las palabras se deshicieron y se desvanecieron, como una música divina; la niña levantó los ojos profundos y los dirigió amorosamente a él, y parecieron emanar de ellos rayos de luz y consuelo que le llegaron hasta el corazón; y, como flotando en la música, ella pareció elevarse con relucientes alas, de las que caía una lluvia de estrellas doradas, y desapareció.