La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom »Cuando era niña, creÃa ser religiosa; amaba a Dios y amaba las oraciones. Ahora soy un alma perdida, perseguida por demonios que me atormentan dÃa y noche; me empujan siempre hacia adelante, y… ¡lo haré un dÃa de éstos! —dijo apretando el puño, mientras se prendÃa una luz de locura en sus ojos oscuros—. ¡Lo enviaré al lugar donde pertenece, es poca distancia, una de estas noches, aunque me quemen viva por ello! —resonó una prolongada carcajada salvaje a través del cobertizo desierto, y terminó con un sollozo histérico; se tiró al suelo entre convulsiones de llanto y sufrimiento.
Unos instantes después, pareció haberse agotado su frenesÃ; se levantó despacio y se serenó.
—¿Puedo hacer algo más por ti, pobre hombre? —preguntó, acercándose a donde yacÃa Tom—. ¿Te doy más agua?
HabÃa una dulzura tierna y compasiva en su voz y sus modales cuando dijo esto que contrastaba de manera extraña con su locura anterior.
Tom bebió el agua y miró intensa y compasivamente su rostro.
—¡Ay, señora, ojalá acudiera usted a Él, que le puede dar el agua de la vida!
—¡Acudir a Él! ¿Quién es? ¿Dónde está? —preguntó Cassy.
—Aquél del que me ha leÃdo usted: el Señor.