La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —SolÃa ver un cuadro de Él sobre el altar cuando era una niña —dijo Cassy, cuyos ojos adoptaron una expresión de ensueño nostálgico—; pero Él no está aquÃ. ¡No hay nada más aquà que el pecado y una larga, larguÃsima desesperación! ¡Ay! —y se puso la mano sobre el pecho y suspiró, como para quitarse un peso muy grande.
ParecÃa que Tom iba a decir algo más, pero ella le interrumpió con un gesto cortante.
—No hables, pobre amigo. Intenta dormir, si puedes y, tras dejar agua a su alcance y disponer todas las pequeñas comodidades que se le ocurrieron, Cassy salió del cobertizo.