La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Maldito sea ese Sambo por meter cizaña entre yo y los nuevos braceros! ¡Ese tipo no estará en condiciones de trabajar durante una semana, y eso que estamos en el momento de más trabajo de la temporada!
—SÃ, es tÃpico de ti —dijo una voz que provenÃa de detrás de su sillón. Era Cassy, que le habÃa sorprendido en pleno soliloquio.
—¡Ajá, bruja! Conque has vuelto, ¿eh?
—Sà —dijo ella con aplomo—, y he venido para hacer lo que me dé la gana, además.
—¡No es verdad, zorra! Yo cumpliré mi palabra. O te comportas debidamente o te quedas en los barracones y vives y trabajas como los demás.
—¡Prefiero diez mil veces —dijo la mujer— vivir en el agujero más inmundo de los barracones que estar bajo tu pezuña!
—Pero, te guste o no, estás bajo mi pezuña —dijo él, dirigiéndole una mueca bestial— y eso es un consuelo. Asà que siéntate aquà en mi regazo, querida, y escucha la voz de la razón —dijo él, cogiéndola por la muñeca.
—¡Simon Legree, ten cuidado! —dijo la mujer, con un rápido destello de los ojos, una mirada tan salvaje y alocada que daba miedo—. Me tienes miedo, Simon —dijo deliberadamente—, ¡y con razón! ¡Ten cuidado, porque tengo el diablo dentro de mÃ!