La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom El ultrajante tratamiento al que fue sometido el tÃo Tom la indignó aun más, asà que siguió a Legree hasta la casa sin otro propósito que echarle en cara su brutalidad.
—¡Ojalá te comportaras de forma decente, Cassy! —dijo Legree.
—¡Y tú hablas de comportarse con decencia, tú, que ni siquiera tienes bastante sensatez como para no echar a perder a uno de tus mejores trabajadores en temporada alta, sólo por tu mal genio!
—He sido idiota, ésa es la verdad, para permitir que surgiera semejante disputa —dijo Legree—, pero una vez que se puso terco el muchacho, habÃa que domesticarlo.
—No creo que consigas domesticarlo.
—¿Que no? —preguntó Legree, levantándose apasionado—. ¡Ya veremos si lo domestico! ¡SerÃa el primer negro que me pudiera a mÃ! ¡Le romperé cada hueso del cuerpo, pero se someterá!
En ese momento, se abrió la puerta y entró Sambo. Se acercó, hizo una reverencia y le tendió un envoltorio de papel.
—¿Qué es eso, perro? —preguntó Legree.
—¡Es una cosa de brujas, amo!
—¿Una qué?