La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Aquà ha habido muchas personas de la misma opinión que tú —dijo Cassy—; pero no podrÃas quedarte en los pantanos: te perseguirÃan los perros y te traerÃan de vuelta, y entonces… entonces…
—¿Qué harÃa? —preguntó la muchacha, mirándole la cara y conteniendo el aliento.
—¡Qué es lo que no harÃa, deberÃas preguntar! —dijo Cassy—. Aprendió bien su oficio entre los piratas de las Antillas. No dormirÃas mucho si yo te contara las cosas que he visto, las cosas que cuenta a veces, como broma. He oÃdo gritos aquà que no he podido quitarme de la cabeza durante semanas y semanas. Hay un sitio allá abajo, cerca de los barracones, donde se ve un árbol negro y destrozado y todo el suelo cubierto de cenizas negras. Pregunta a cualquiera qué ocurrió allÃ, a ver si se atreven a contártelo.
—¡Oh! ¿Qué quieres decir?
—No te lo diré. No soporto pensarlo. Y ya te digo, sólo el Señor sabe lo que veremos mañana, si ese pobre sigue como ha empezado.
—¡Es horrible! —dijo Emmeline, cuyo rostro se quedó exangüe al oÃrlo—. ¡Oh Cassy, dime lo que he de hacer!
—Lo que he hecho yo. Lo mejor que puedas… haz lo que debas, y compénsalo odiando y maldiciéndolo.
—PretendÃa que bebiera un poco de su asqueroso brandy —dijo Emmeline— y lo odio tanto…