La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Bien, haremos lo que tú quieres —dijo tercamente a Cassy—. ¡Escúchame, tú! —le dijo a Tom—; no te ajustaré las cuentas ahora porque los negocios apremian y necesito a todos mis braceros; pero yo nunca olvido. ¡Lo apuntaré en tu cuenta y en algún momento te lo haré pagar en tu negro pellejo, no lo olvides!
Legree se volvió y se marchó.
—¡Vete de aquÃ! —dijo Cassy siguiéndolo con mirada torva—. ¡Ya te llegará el momento de rendir cuentas!… Pobre amigo, ¿cómo te encuentras?
—El Señor Dios ha mandado a un ángel y ha cerrado la boca del león de momento —dijo Tom.
—De momento, desde luego —dijo Cassy—, pero ahora te odia y su malquerencia te seguirá dÃa y noche, como un perro colgado de tu cuello y chupándote la sangre, quitándote la vida gota a gota. Lo conozco.