La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom La libertad
No importa con qué formalidades lo hayan consagrado en el altar de la esclavitud, en el mismo momento en que pone pie en el sagrado suelo de Gran Bretaña, el altar y el Dios se hunden en el polvo y queda redimido, regenerado y liberado, por el genio irresistible de la emancipación universal.
Curran[55]
Debemos dejar a Tom un rato en manos de sus torturadores mientras nos volvemos para seguir las aventuras de George y su esposa, a los que dejamos en manos amigables en una granja al borde del camino.
Dejamos a Tom Loker revolviéndose y gruñendo en una inmaculada cama cuáquera, bajo la supervisión maternal de la tía Dorcas, quien le encontraba un paciente tan dócil como si fuera un bisonte enfermo.
Imaginaos a una mujer alta, decorosa y espiritual con un limpio gorro de muselina posado encima de las ondas de su cabello plateado, partidas en medio de una frente despejada debajo de la cual asoman unos ojos grises y pensativos. Un níveo pañuelo de gasa está pulcramente plegado sobre su pecho; su vestido de lustrosa seda marrón susurra pacíficamente mientras se desliza de un lado a otro en el dormitorio.
—¡Diablos! —dijo Tom, apartando la ropa de cama con brusquedad.