La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Pues tengo tanta conciencia como se puede permitir cualquier hombre de negocios, sólo un poco para ir tirando, como si dijéramos —dijo chistoso el comerciante—; y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa razonable para contentar a mis amigos, pero lo que pide usted es un poco excesivo —el comerciante suspiró pensativo y se sirvió más coñac.
—¿Cómo quedamos, entonces, Haley? —preguntó el señor Shelby, después de una pausa incómoda.
—¿No tiene usted un niño o una niña que pueda meter en el lote con Tom?
—Bien, ninguno que me sobre; a decir verdad, si no fuera absolutamente necesario, no venderÃa a ninguno. La verdad es que no me hace gracia desprenderme de ninguno de mis muchachos.
