La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom La buhardilla de la casa donde vivía Legree, como la mayoría de las buhardillas, era un gran espacio desolado, polvoriento, lleno de telarañas y trastos inútiles. La opulenta familia que había residido en la casa en los días de su esplendor había importando una gran cantidad de muebles magníficos, algunos de los cuales se habían llevado consigo mientras que otros quedaron olvidados en habitaciones desocupadas y decadentes o almacenados en este lugar. Una o dos enormes cajas de embalaje, que habían servido para transportar estos muebles, se encontraban junto a las paredes de esta buhardilla. Tenía una pequeña ventana que dejaba pasar una luz débil y escasa a través de sus lunas manchadas y sucias que iluminaba las grandes sillas de alto respaldo y mesas polvorientas que habían conocido mejores tiempos. En conjunto era un lugar siniestro y fantasmal, pero así y todo no faltaban leyendas entre los negros supersticiosos que aumentaran sus terrores. Unos cuantos años antes, habían encerrado allí a una mujer negra que había disgustado a Legree. Lo que ocurrió dentro, no lo sabemos; los negros intercambiaban tenebrosos rumores sobre ello; lo único que se sabe es que un día bajaron el cadáver de la desgraciada criatura y que lo enterraron y desde entonces se dice que solían resonar en la vieja buhardilla juramentos y blasfemias y el sonido de golpes violentos, entremezclados con lamentos y gemidos de desesperación. Una vez, cuando Legree oyó por casualidad estas murmuraciones, montó en cólera y juró que la siguiente persona que contara historias sobre la buhardilla tendría la oportunidad de enterarse de lo que había allí por sí misma, pues la tendría encadenada allí dentro durante una semana. Esta amenaza fue suficiente para que cesaran los rumores aunque, naturalmente, no restó nada de credibilidad a la historia.