La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Gradualmente todos los miembros de la casa empezaron a evitar la escalera que conducía a la buhardilla e incluso el corredor que conducía a la escalera por miedo a hablar de ello, y poco a poco la leyenda se iba olvidando. De repente se le había ocurrido a Cassy aprovecharse del nerviosismo supersticioso que tanto afectaba a Legree para conseguir su propia liberación y la de su compañera de fatigas.
El dormitorio de Cassy estaba justo debajo de la buhardilla. Un día, sin consultar a Legree, comenzó de forma ostentosa a cambiar todos los muebles y enseres de su habitación a otra bastante alejada. Los criados subalternos, a los que llamó para llevar a cabo la mudanza, estaban correteando y trajinando con gran celo y confusión cuando Legree volvió de cabalgar.
—¡Eh, Cass! —dijo Legree—. ¿Qué bicho te ha picado ahora?
—Nada; sólo quiero tener otra habitación —dijo Cassy con terquedad.
—¿Y por qué, si puede saberse? —preguntó Legree.
—Porque quiero —dijo Cassy.
—Pues vaya, y ¿para qué?
—Me gustaría poder dormir de vez en cuando.
—¡Dormir! ¿Y qué te lo impide?
—Supongo que te lo podría contar si quisieras saberlo —dijo Cassy secamente.