La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Y ahora —dijo Eliza de pie en la puerta—, he visto a mi marido esta misma tarde y no me imaginaba lo que iba a suceder. Lo han empujado al lÃmite de sus fuerzas y hoy me ha dicho que se va a escapar. Intentad comunicaros con él, si podéis. Decidle cómo me voy y por qué, y decidle que voy a intentar llegar a Canadá. Decidle que lo quiero y si no lo veo nunca más —se volvió y se quedó con la espalda vuelta hacia ellos durante un momento, y después añadió, con voz cascada—, decidle que sea tan bueno como pueda y que procure reunirse conmigo en el reino de los cielos. Llamad a Bruno —añadió—. Cerrad la puerta detrás. El pobre animal no debe ir conmigo.
Con unas cuantas últimas palabras y lágrimas, con unos cuantos adioses y buenos deseos, aferrando a su pecho a su hijo sobresaltado y asustado, se alejó silenciosamente.