La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom HabÃa una terrible intensidad en su cara y su voz mientras hablaba.
—Si no fuera por ti, niña —dijo, mirando a Emmeline—, saldrÃa y le darÃa las gracias al que me hiciera el favor de matarme de un tiro; porque, ¿para qué quiero yo la libertad? ¿Me puede devolver a mis hijos o hacerme lo que fui?
Con su sencillez de niña, Emmeline casi tenÃa miedo de los tenebrosos arrebatos de Cassy. ParecÃa estar perpleja, pero no respondió. Sólo le cogió de la mano con una suave caricia.
—¡No! —dijo Cassy, intentando apartar la mano—. Harás que te quiera, ¡y no pienso querer a nadie nunca más!
—¡Pobre Cassy! —dijo Emmeline—. No seas asÃ. Si el Señor nos da la libertad, quizás te devuelva a tu hija; en cualquier caso, yo seré una hija para ti. Sé que no volveré a ver a mi pobre madre. ¡Yo te querré, Cassy, aunque tú no me quieras!
Ganó el espÃritu tierno e inocente. Cassy se sentó junto a ella, le rodeó el cuello con su brazo y le acarició el suave cabello castaño; y Emmeline admiró la belleza de aquellos espléndidos ojos, dulcificados por las lágrimas.