La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Ay, Em —dijo Cassy—, he tenido hambre y sed de mis hijos y me fallan los ojos de añorarlos! ¡AquÃ, aquÃ! —dijo, golpeándose el pecho—. ¡Todo es desolación y vacÃo! Si Dios me devolviese a mis hijos, podrÃa rezar.
—Debes tener fe en Él, Cassy —dijo Emmeline—. ¡Es nuestro Padre!
—Está enfadado con nosotros —dijo Cassy—; nos ha vuelto la espalda.
—¡No, Cassy! Será bueno con nosotros. ¡Tengamos fe en Él! —dijo Emmeline—. Yo siempre he tenido esperanza.
La caza fue larga, animada y concienzuda, pero sin éxito; Cassy miraba con exultación grave e irónica a Legree mientras desmontaba, cansado y desalentado.
—Bien, Quimbo —dijo Legree, acomodándose en el salón— ve a traerme a Tom ahora mismo. ¡Ese maldito está detrás de todo este asunto, y le daré en su negro pellejo hasta que lo confiese, lo juro!