La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Hablas como una loca, esposa! Estaré en un buen apuro si se ha marchado. Haley se dio cuenta de que vacilaba al venderle a este niño, y creerá que lo he planeado yo para quitarlo de en medio. ¡Empañará mi honor! —y el señor Shelby salió apresuradamente de la habitación.
Durante un cuarto de hora, hubo carreras de aquà para allá, exclamaciones, puertas que se abrÃan y cerraban y rostros de todos los colores asomándose por todas partes. Sólo una persona, que hubiera podido esclarecer los hechos, se quedó callada: la cocinera jefe, tÃa Chloe. En silencio y con una turbia nube ensombreciendo sus facciones generalmente alegres, seguÃa con la preparación de las galletas del desayuno como si no oyera ni viera nada del bullicio de su alrededor.
Poco después, una docena de diablillos se posaron como cuervos en la barandilla del porche, cada uno empeñado en ser el primero en dar parte de su desgracia al nuevo amo.
—Estará furioso, apuesto lo que sea —dijo Andy.
—¡Lo que va a renegar! —dijo el pequeño y negro Jake.