La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Más allá de los lÃmites de la plantación, George habÃa visto una loma seca y polvorienta con algunos árboles que daban sombra. Allà cavaron la tumba.
—¿Quitamos la capa, amo? —preguntaron los negros cuando la tumba estuvo preparada.
—¡No, no! Enterradlo con ella. Es lo único que te puedo dar, pobre Tom, y es tuya.
Lo metieron en la fosa y los hombres la llenaron de tierra en silencio. Hicieron un pequeño montÃculo encima y lo cubrieron de hierba.
—Podéis marcharos, muchachos —dijo George, deslizando una moneda de cuarto de dólar en la mano de cada uno de ellos. Sin embargo, vacilaban, sin ganas de marcharse.
—Si el joven amo quisiera compramos… —dijo uno.
—Le servirÃamos con lealtad —dijo el otro.
—Son malos tiempos aquÃ, amo —dijo el primero—. ¡Por favor, amo, cómprenos!
—¡No puedo, no puedo! —dijo George con dificultad, haciéndoles señas para que se marcharan—. ¡Es imposible!
Los pobres hombres se fueron con aspecto desolado.