La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Eres testigo, Dios eterno —dijo George, arrodillándose junto a la tumba de su pobre amigo—, eres testigo de que, a partir de este momento, haré todo lo que es capaz de hacer un hombre para erradicar la maldición de la esclavitud de mi tierra!
Ningún monumento marca el último descansadero de nuestro amigo. ¡No le hace falta! Su Señor sabe dónde está y lo elevará, inmortal, para que aparezca junto a Él en el dÃa de gloria.
¡No le tengáis lástima! ¡Semejante vida y semejante muerte no merecen lástima! La principal gloria de Dios no está en las riquezas del poder, sino en el amor sacrificado y doliente. Y benditos sean los hombres a los que Él llama para que sigan su mismo camino, llevando su cruz con paciencia. De éstos está escrito: «Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados».