La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Sea como fuere, tenemos motivos personales para saber que es verdad que una figura alta envuelta en una sábana blanca se paseaba, a las horas más típicamente fantasmales, por la casa de Legree; atravesaba puertas, se deslizaba alrededor de la casa, desaparecía a ratos y volvía a aparecer, subía por la silenciosa escalera y entraba en la infausta buhardilla; y que, por la mañana, todas las puertas estaban cerradas con llave como siempre.
A Legree no se le escapaban estas murmuraciones; y el hecho de que quisieran ocultárselo sólo aumentaba su nerviosismo. Bebía más brandy que de costumbre; mantenía la cabeza más alta y blasfemaba más fuerte que nunca durante el día; pero tenía pesadillas y las visiones que rondaban por su cabeza en la cama distaban mucho de ser agradables. La noche después de que se llevaran el cuerpo de Tom, se fue cabalgando al pueblo vecino de parranda, y se corrió una gran juerga. Regresó a casa cansado, pues era muy tarde; echó la llave a su puerta y se la guardó antes de acostarse.