La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom En este punto de su historia, le tocó el brazo y, con la cara pálida de ansiedad, le preguntó:
—¿Sabe el nombre de la persona a quien se la compró?
—Un hombre llamado Simmons, creo, era el autor de la transacción. Por lo menos, creo que ése era el nombre que figuraba en el contrato.
—¡Oh, Dios mío! —dijo Cassy y cayó desmayada al suelo de la cubierta.
Ahora George puso manos a la obra, y Madame de Thoux también. Aunque ninguno de los dos podía adivinar la causa del desmayo de Cassy, hicieron todo el alboroto propio de tales ocasiones: George volcó una jarra de agua y rompió dos vasos en su afán por socorrerla y varias señoras del salón, al enterarse de que alguien se había desmayado, se agolparon en la puerta del camarote, bloqueando en lo posible todo el aire, de modo que, en conjunto, se hizo todo lo que se podía esperar.
¡Pobre Cassy! Cuando recuperó el conocimiento, volvió la cara hacia la pared y lloró y sollozó como una niña; quizás tú, madre, puedes figurarte lo que pensaba, o quizás no puedas. Pero en ese momento, ella estaba segura de que Dios se había apiadado de ella y de que volvería a ver a su hija, como ocurrió, meses más tarde, cuando… pero nos adelantamos a los hechos.