La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Desde luego: soy yo —dijo Madame de Thoux—, dÃgame, ¿qué clase de…?
—Un joven estupendo —dijo George—, a pesar de la maldición de la esclavitud que arrastraba. TenÃa un carácter de primera, tanto por su inteligencia como por sus principios. Yo lo sé bien, ¿comprende usted?, porque se casó con una de mi familia.
—¿Qué clase de joven? —preguntó con interés Madame de Thoux.
—Un tesoro —dijo George—; una muchacha bella, inteligente y amable. Muy piadosa. Mi madre la crió y la educó con tanto esmero, casi, como si fuera su propia hija. SabÃa leer y escribir, bordar y coser maravillosamente, y cantaba muy bien.
—¿Nació en casa de ustedes? —preguntó Madame de Thoux.
—No. Mi padre la compró en uno de sus viajes a Nueva Orleáns y la trajo de regalo para mi madre. TenÃa unos ocho o nueve años entonces. Mi padre nunca quiso decir a mi madre lo que pagó por ella, pero el otro dÃa, mientras revisábamos viejos papeles suyos, encontramos el contrato de venta. Pagó una suma exorbitante, desde luego, supongo que por su belleza extraordinaria.
George estaba sentado de espaldas a Cassy y no vio la expresión absorta de su rostro mientras contaba estos detalles.