La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Estoy pensando que mi viejo no va a conocer a los muchachos y la nena. ¡Señor, con lo grande que se ha puesto ahora nuestra Polly! Y es buena, también, y lista. Está en la cabaña ahora mismo vigilando la torta de maÃz que estoy preparando, justo como le gusta a mi viejo. Le hice una asà la mañana que se marchó. ¡Que el Señor nos ampare, cómo me sentÃa yo aquella mañana!
La señora Shelby suspiró y sintió un gran peso en el corazón al oÃr esta alusión. Se sentÃa inquieta desde la llegada de la carta de su hijo por si habÃa algo oculto tras el velo de silencio que éste habÃa corrido.
—¿El ama tiene esos billetes? —preguntó Chloe ansiosa.
—SÃ, Chloe.
—Porque quiero enseñar a mi viejo los billetes que me dio el pastero. «Y bien», me dijo, «me gustarÃa que te quedaras más». «Gracias, señor», dije yo, «me quedarÃa, pero mi viejo vuelve a casa y el ama ya no puede prescindir de mà por más tiempo». Eso es exactamente lo que le dije. Un hombre muy agradable, ese señor Jones.