La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Señor, Señor! Lo verá todo como siempre, ¿verdad? —dijo—. Ya está, he puesto su plato como a él le gusta, cerca del fuego. El señorito George siempre quiere el sitio más cálido. ¡Oh, vaya! ¿Por qué no habrá sacado Sally la mejor tetera: ésa pequeña que el señorito George le compró al ama en Navidad? ¿Ha tenido el ama noticias del señorito George? —preguntó ansiosa.
—SÃ, Chloe, pero sólo unas palabras para decir que llegarÃa a casa esta noche si podÃa, nada más.
—No decÃa nada de mi viejo, supongo —dijo Chloe, toqueteando las tazas de té.
—No, nada. No decÃa nada sobre ninguna cosa, Chloe. Dijo que lo contarÃa todo al llegar a casa.
—Eso es tÃpico del señorito George. Siempre se empeña en contar las cosas en persona. Siempre me he fijado en esa cualidad suya. De todas formas, no comprendo cómo los blancos soportan escribir las cosas tal como lo hacen, con lo pesado y lento que es escribir.
La señora Shelby sonrió.