La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom El grupo entró al comedor. El dinero del que la tÃa Chloe se sentÃa tan orgullosa se encontraba aún sobre la mesa. Tenga —dijo, recogiéndolo y ofreciéndolo con mano temblorosa a su ama—, nunca más quiero verlo ni oÃr hablar de él. Ha ocurrido exactamente lo que me esperaba: ¡Vendido y asesinado en aquellas plantaciones!
Chloe se dio la vuelta y empezó a salir orgullosamente de la habitación. La señora Shelby la siguió suavemente y, cogiéndole una mano, la hizo sentarse en una silla y se sentó yunto a ella.
—¡Mi pobre y buena Chloe! —dijo.
Chloe apoyó la cabeza en el hombro de su ama y dijo entre sollozos:
—¡Ay, ama, perdóneme, pero se me ha roto el corazón!
—Lo sé —dijo la señora Shelby, cuyas lágrimas caÃan abundantemente—, y yo no puedo curártelo, pero Jesús sÃ. Él socorre a los afligidos y les cura las heridas.
Siguieron unos minutos de silencio, durante los cuales todos lloraban. Finalmente se sentó George al lado de la viuda y con sencilla emoción le relató la escena triunfante de la muerte de su marido y sus últimos mensajes de amor.