La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Pero aún hay más. En las orillas de nuestros estados libres emergen los pobres restos de familias destrozadas, hombres y mujeres fugados por una providencia milagrosa de la marea de la esclavitud, con escasos conocimientos y, en muchos casos, una débil base moral, por culpa de un sistema que tergiversa todos los principios morales y cristianos. Vienen en busca de asilo entre vosotros; vienen en busca de educación, conocimientos y cristianismo.
¿Qué debéis vosotros, oh cristianos, a estos pobres desgraciados? ¿No debemos todos los estadounidenses a la raza africana por lo menos un intento de reparación por los males infligidos a ellos por el pueblo estadounidense? ¿Las puertas de las iglesias y las escuelas han de cerrarse ante ellos? ¿Los estados han de levantarse para echarlos? ¿La iglesia de Cristo ha de escuchar en silencio las burlas que se les dirigen, apartarse de la mano desamparada que tienden y alentar con su silencio la crueldad que pretende echarlos de nuestras fronteras? Si tiene que ser así, será un triste espectáculo. Si tiene que ser así, el país tendrá motivos para temblar cuando recuerde que el destino de las naciones está en manos de Aquél que es misericordioso y compasivo.