La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¿Por qué holgazaneas de esa manera, Sam? He mandado a Andy a decirte que te dieras prisa.
—¡El Señor la bendiga, señora! —dijo Sam—, los caballos no se dejan coger en un minuto; ¡se habÃan alejado hasta la dehesa sur y Dios sabe adónde!
—Sam, ¿cuántas veces te he de decir que no digas «El Señor la bendiga» y «Dios sabe» y esas cosas? Es perverso.
—¡Ay, el Señor tenga piedad de mi alma, se me ha olvidado! No diré nada parecido en adelante.
—Pero, Sam, si acabas de hacerlo de nuevo.
—¿S� ¡Ay, Señor! Quiero decir… no he querido decirlo.
—Debes tener cuidado, Sam.
—Espere usted que recupere el aliento, señora, y lo haré bien. Tendré mucho cuidado.
—Bien, Sam, has de ir con el señor Haley, para mostrarle el camino y ayudarle. Cuida de los caballos, Sam; sabes que Jerry cojeaba un poquito la semana pasada; no dejes que vayan demasiado deprisa.
La señora Shelby dijo las últimas palabras con voz queda y gran énfasis.