La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Puede confiar en este chico! —dijo Sam, girando los ojos con un gesto cargado de intención—. ¡El Señor lo sabe! ¡Vaya! ¡No he dicho eso! —dijo boqueando de repente con un ridÃculo ademán de aprensión que hizo reÃr a su ama a su pesar—. SÃ, señora, cuidaré de los caballos.
—Ahora, Andy —dijo Sam, volviendo a su puesto bajo los hayas—, no me sorprenderÃa nada que el animal de este caballero se encabrite luego, cuando lo monte. Sabes, Andy, los animales hacen estas cosas y Sam dio un codazo a Andy en un costado con un gesto lleno de intención.
—¡Vaya! —dijo Andy, con aspecto de haberle comprendido en el acto.
—SÃ, verás, Andy, el ama quiere ganar tiempo —eso está claro para cualquier observador. Yo sólo gano un poco por ella. Ahora, pues, suelta a todos aquellos caballos y déjalos corretear a sus anchas alrededor de éstos y hasta el bosque, y creo que el señor no se marchará demasiado deprisa.
Andy sonrió de oreja a oreja.