Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares VI. Siendo cuestor, desde la tribuna de los oradores pronunció, según la costumbre, el elogio fúnebre de su tía Julia y de su mujer Cornelia, fallecidas ese mismo año. En el elogio de su tía se refirió con estas palabras al doble linaje de ella misma y de su padre: «La estirpe por línea materna de mi difunta tía Julia procede de reyes y por línea paterna está ligada a los dioses inmortales. De Anco Marcio, en efecto, descienden los reyes Marcios, cuyo nombre llevó su madre; los Julios, por su parte, lo hacen de Venus, a cuyo linaje pertenece nuestra familia. En su estirpe, en consecuencia, se encuentra la sagrada dignidad de los reyes, que son los más poderosos entre los hombres, y el divino carácter de los dioses, bajo cuyo poder se hallan los propios reyes». Para ocupar el lugar de la fallecida Cornelia, tomó entonces como esposa a Pompeya, hija de Quinto Pompeyo y sobrina de L. Sila. Más tarde se divorció de ella al tener sospechas de que había sido seducida por Publio Clodio. Y tan insistentes eran los rumores de que éste había penetrado en su cámara vestido de mujer durante la celebración de una fiesta[8] religiosa, que el Senado abrió un proceso judicial por sacrilegio.