Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares VII. Como cuestor le cupo en suerte la Hispania Ulterior[9]. Recorriendo allí por delegación del pretor las diferentes demarcaciones para administrar justicia y habiendo llegado a Gades, al encontrarse en el templo de Hércules frente a la estatua de Alejandro Magno se puso a llorar y, como cansado ya de su propia negligencia, puesto que, se decía a sí mismo, ala edad en que Alejandro había ya sometido al mundo entero él, en cambio, no había realizado ninguna acción memorable, solicitó inmediatamente ser relevado del cargo para poder aprovechar cuanto antes en la Urbe las oportunidades de más ambiciosas empresas. Desconcertado también por un sueño tenido aquella noche (pues le pareció, mientras dormía, haber cometido estupro con su madre) los adivinos le insuflaron una desmedida esperanza al interpretarlo como un augurio de su futuro dominio sobre todo el orbe de la tierra, ya que, aseguraban, esa madre, que había visto que se sometía a él, no era otra que la Tierra, que es considerada la madre de todas las cosas.
VIII. Marchándose, por consiguiente, antes de tiempo, se encaminó a las colonias latinas, encrespadas por la reivindicación del derecho de ciudadanía, y las hubiera incitado a algún audaz enfrentamiento, si los cónsules, por esa misma razón, no hubiesen retenido allí durante algún tiempo las legiones reclutadas en Cilicia.