Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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IX. Pero no por eso dejó de maquinar sin demora en la Urbe más vastos proyectos. En efecto, unos pocos días antes de asumir la edilidad, se hizo sospechoso de haber conspirado con el ex cónsul Marco Craso y con Publio Sila y L. Autronio, condenados por cohecho tras su elección como cónsules, para asaltar el Senado al iniciarse el nuevo año y, después de asesinar a quienes les pareciese oportuno, imponer M. Craso una dictadura, en la que el propio César sería nombrado jefe de la caballería por aquél. Después, una vez reorganizada la República a su antojo, se les restituiría el consulado a Sila y a Autronio. De esta conspiración hace mención Tanusio Gémino en su historia, Marco Bíbulo en sus edictos y C. Curión, padre, en sus discursos. También Cicerón parece referirse a ella en cierta carta dirigida a Axio al afirmar que César, durante su consulado, había consolidado el poder absoluto que ya había pretendido siendo edil. Añade Tanusio, que Craso, fuese por arrepentimiento o por miedo, no se presentó el día señalado para la matanza y que César, en consecuencia, no dio la señal que se había acordado que daría. Curión dice que se había convenido que se quitaría del hombro la toga. El mismo Curión y M. Actorio Naso afirman que César también conspiró con el joven Cneo Pisón, a quien, por la sospecha de ese complot en la Urbe, se le asignó, fuera de todo procedimiento, la provincia de Hispania. Siguen diciendo que ambos habían acordado que Pisón, fuera de Roma, y el propio César, en la Urbe, se alzarían simultáneamente para dar un golpe de Estado, apoyados por los ambranos y transpadanos; pero que su proyecto se vino abajo debido a la muerte de Pisón.


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