Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XXIII. Tan sólo padeció dos derrotas graves e ignominiosas, y las dos en Germania: la de Lolio y la de Varo[33]. La de Lolio, le reportó más descrédito que perjuicios; la de Varo, tuvo proporciones catastróficas, al perder tres legiones enteras con su general, los legados y las tropas auxiliares. Al conocer el desastre, apostó centinelas en la ciudad, para evitar que surgieran alborotos, y prorrogó el mando militar a los gobernadores de las provincias, para que generales expertos y conocidos de ellas contuvieran a las naciones aliadas. Prometió unos juegos solemnes en honor de Júpiter Óptimo Máximo, si mejoraba la situación de la República, lo cual se había ya hecho antes con ocasión de la guerra contra los cimbrios y teutones. Se dice que quedó consternado hasta tal extremo que ininterrumpidamente durante muchos meses se dejó crecer la barba y el cabello y, en ocasiones, se golpeaba la cabeza contra las puertas, gritando: «¡Quintilio Varo, devuélveme mis legiones!»; y que en adelante, el día de la derrota fue siempre para él un día de tristeza y duelo.






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