Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XI. Una vez se hubo ganado el favor del pueblo, intentó mediante los tribunos que se le concediera por plebiscito la provincia de Egipto[11] al habérsele presentado la oportunidad de obtener un mando fabuloso, ya que los alejandrinos habían expulsado a su rey, distinguido por el Senado con el título de aliado y amigo, mereciendo este suceso una general reprobación. Sin embargo, no pudo conseguirlo debido a la oposición del partido de los optimates. César, a su vez, para minar por todos los medios a su alcance el prestigio de éstos, volvió a colocar en su sitio los trofeos de Cayo Mario, obtenidos por sus victorias sobre Yugurta y sobre los cimbrios y teutones, y retirados años antes por Sila, y, al presidir el proceso instruido contra los sicarios, incluyó entre éstos, aun cuando las leyes Cornelias los exoneraban de tal imputación, a todos aquellos que durante la época de proscripción habían recibido dinero del erario público por las cabezas de ciudadanos romanos presentadas por ellos.
XII. Sobornó también a un individuo para que acusase de alta traición a Cayo Rabirio, con cuya decisiva colaboración el Senado, hacía unos cuantos años, había reprimido el turbulento tribunado de Lucio Saturnino y, como le hubiese tocado en suerte, precisamente a él, ser el juez de aquel reo, se cebó con tal pasión en su condena que cuando el reo apeló al pueblo, nada le fue tan útil como el propio ensañamiento del juez.