Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LXXVI. En cuanto a la comida (pues no omitiré tampoco esta información), era de una parquedad extrema y de gustos casi vulgares. Le gustaba el pan de baja calidad, los pescados pequeños y el queso de vaca, hecho a mano, pero, sobre todo, los higos verdes, de los que fructifican dos veces al año. Tomaba también antes de cenar, a cualquier hora y en cualquier sitio, lo que su estómago le pidiese. Son palabras suyas, sacadas de sus cartas: «En el coche hemos comido pan y dátiles». Y, de nuevo: «Cuando regresaba en la litera de la basílica a casa, comí una onza[95] de pan con unos pocos granos de uva de piel dura». Y en otra ocasión escribe: «Ni siquiera un judío, mi querido Tiberio, observa tan escrupulosamente el ayuno sabático como yo lo he guardado hoy, puesto que, por fin en mi baño, pasada ya la primera hora de la noche, he comido dos bocados, antes de que me empezaran a friccionar con ungüentos». Por esta misma displicencia, algunas veces cenaba él solo antes de comenzar el banquete o cuando ya se había despedido a todos los comensales, mientras que durante el banquete ni tocaba la comida.