Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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LXXXIV. Ya desde niño se ejercitó en la elocuencia y estudios liberales con la máxima entrega y afición. Durante la guerra de Módena, a pesar de la abrumadora cantidad de problemas, se dice que cada día leía, escribía y declamaba. Desde entonces, en efecto, jamás habló, ni en el Senado, ni ante el pueblo, ni ante sus soldados, a no ser después de meditar y elaborar cuidadosamente sus palabras; sin embargo, no se le daban mal las improvisaciones, para las que tenía gran facilidad. No obstante, para evitar tener un fallo de memoria y no perder tiempo aprendiéndoselas, decidió leer todas sus alocuciones. Incluso no mantenía conversaciones de cierta importancia con nadie, ni siquiera con su esposa Livia, si no las había escrito primero y de acuerdo con sus notas, a fin de no decir una palabra de más o de menos a causa de la improvisación. Tenía al hablar un tono de voz dulce y muy peculiar suyo, y se ejercitaba asiduamente con el maestro de declamación. Sin embargo, algunas veces, por tener alguna afección de garganta, habló al pueblo sirviéndose de la voz del pregonero.






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