Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LXXXIII. Nada más acabar la guerra civil dejó de practicar ejercicios de equitación y de armas en el Campo de Marte. Primero se pasó al juego de pelota y de balón, pero, enseguida, dejó de hacer nada que no fuera pasearse en litera o caminar, de manera que el último trecho lo hacía corriendo a saltos, envuelto en una pequeña manta. Para relajarse, unas veces pescaba con anzuelo y, otras, jugaba a los dados, a las chinas oalas nueces con niños pequeños, de expresión y charla agradable, que buscaba por todas partes, especialmente en Mauritania y Siria. En cambio, le horrorizaban los enanos y las personas deformes y todas las criaturas de ese estilo, que consideraba un escarnio de la naturaleza y como de mal agüero.