Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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LXXXII. Durante el invierno se protegía con una gruesa toga, cuatro túnicas, una camisa interior, una camiseta de lana y bandas para abrigar los muslos y las piernas. En verano, dormía dejando abiertas las puertas de su alcoba y, con frecuencia, lo hacía en el peristilo[98], junto a algún surtidor, y con un esclavo abanicándolo. Como no soportaba ni siquiera el sol de invierno, siempre que se paseaba al aire libre, incluso en casa, lo hacía cubierto con un pataso[99]. Viajaba en litera, casi siempre de noche y con jornadas lentas y cortas, de manera que tardaba dos días para ir a Preneste o Tívoli[100];y si podía llegar a algún lugar por mar, prefería navegar. Tomaba muchas precauciones a causa de su poca salud: en primer lugar, se bañaba muy poco; con frecuencia se friccionaba con ungüentos o sudaba junto al fuego, echándose luego encima agua muy fría, o tibia por el calor del sol. Y siempre que, a causa de los nervios, debía recurrir a baños de mar o a las aguas termales de Albula[101], se contentaba con sentarse en un banco de madera (que él mismo designaba con la palabra española «dureta») y meter alternativamente en el agua manos y pies.





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