Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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II. Fueron numerosos los méritos egregios de muchos de los Claudios, y muchos también los crímenes cometidos en contra de la República. Para recordar los más sobresalientes, Apio el Ciego[4] se opuso a una alianza con el rey Pirro por considerarla poco beneficiosa. Claudio Cáudex[5], después de ser el primero en atravesar el estrecho con una flota, expulsó de Sicilia a los cartagineses. Tiberio Nerón derrotó a Asdrúbal[6], que desde España se acercaba a Roma con un ingente número de tropas, antes de que pudiera reunirse con su hermano Aníbal. En cambio, Claudio Regiliano, uno de los diez magistrados encargados de redactar la legislación[7], al intentar a la fuerza y a impulsos de su lujuria convertir en esclava suya a una doncella libre, provocó un nuevo levantamiento del pueblo contra los patricios. Claudio Ruso, después de erigirse a sí mismo junto al foro de Apio una estatua coronada con una diadema, intentó ocupar Italia valiéndose de sus clientes. Claudio Pulquer, en Sicilia, como, al tomar los augurios, los pollos sagrados no comían[8], con total desprecio de la religión los ahogó en el mar, manifestando cínicamente «que beban, ya que no quieren comer», y después entabló un combate naval. Cuando, después de ser derrotado, el Senado ordenó que se nombrara un dictador, como burlándose de nuevo del peligro público, nombró para el cargo a Glicia, su alguacil. Tenemos también opuestos ejemplos de sus mujeres, ya que en esta familia existieron los dos tipos de Claudia; tanto aquella[9] que desencalló de las arenas del Tíber la nave que portaba la estatua de la Madre[10] de los dioses, la diosa del monte Ida, después de alzar públicamente sus súplicas a los dioses para que se moviera la nave, si es que creían en su castidad, como la que, siendo mujer, afrontó ante el pueblo (un hecho sin precedentes) un juicio por alta traición porque, al avanzar muy difícilmente su coche en medio de una compacta muchedumbre, había manifestado públicamente sus deseos de que su hermano Púlquer volviese a la vida para perder de nuevo una flota y que de esa forma hubiera menos gente en Roma[11]. Por otra parte, es un hecho conocidísimo que todos los Claudios (excepto únicamente Publio Clodio quien, para poder expulsar de Roma a Cicerón, se hizo adoptar por un plebeyo, que era además más joven que él) pertenecieron siempre a la clase de los optimates y fueron singulares defensores de la dignidad y del poder de los patricios y, en cambio, violentos y contumaces enemigos de la plebe, hasta el extremo que ninguno de ellos, incluso siendo reo de pena capital, aceptó cambiar de vestido[12] ante el pueblo y suplicarle su perdón. Algunos de ellos, con ocasión de altercados y peleas, llegaron a apalizar a los tribunos de la plebe. Y hubo incluso una virgen Vestal de esta familia que, cuando su hermano celebraba sin mandato del pueblo los honores del triunfo, subida en su mismo carro acompañó a su hermano hasta el Capitolio para evitar que ninguno de los tribunos, a riesgo de sacrilegio, pudiera impedírselo o interponer el veto.


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