Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XVIII. Habiéndole tocado por sorteo, al cesar en su cargo de pretor, la Hispania Ulterior, gracias a la intervención de algunos fiadores pudo librarse de los acreedores que le retenían en Roma y, contra toda tradición y derecho, antes de que se asignasen a las provincias los preceptivos créditos[18], se dirigió allí, no sabemos si por miedo a algún proceso judicial que podían prepararle mientras era un simple ciudadano, o bien para acudir lo antes posible en ayuda de los aliados que lo reclamaban. Pacificada la provincia con igual rapidez, sin esperar a su sucesor partió de allí para optar tanto al triunfo como al consulado. Pero como, una vez convocados los comicios, no se podía incluir su candidatura, si previamente no había entrado en la ciudad como ciudadano privado, y como muchos se oponían a su petición de que se le eximiese de esta obligación legal, se vio obligado a renunciar al triunfo para no ser excluido del consulado.