Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XVIII. Al año siguiente se dirigió de nuevo a Germania y, al averiguar que la derrota de Varo se había producido por la temeridad y negligencia del propio general, no hizo nada sin contar con la opinión de su consejo de guerra[36]. Siendo así que en anteriores ocasiones únicamente había tenido en cuenta su propio criterio y sus propias opiniones sobre el modo de dirigir la guerra, ahora, en cambio, en contra de su costumbre, compartía sus decisiones con numerosos subordinados. Mostró, además, una cautela más meticulosa aún de lo que solía. Una vez hubo decidido atravesar el Rin, no hizo pasar al otro lado a todo el convoy —sometido, por otra parte, a una exacta planificación—, hasta que, deteniéndose junto a la orilla, hubo comprobado la carga de los vehículos para que no transportasen nada más que las cosas autorizadas y necesarias. Después de cruzar el Rin, siguió el siguiente régimen de vida: comía sentado directamente sobre el césped; pasaba muchas noches sin plantar la tienda; comunicaba por escrito todas las órdenes para el día siguiente y también si había de añadirse a éstas alguna disposición suplementaria e imprevista, con la advertencia de que, si alguien tenía dudas sobre algo, lo consultase directamente con él, a la hora que fuese, incluso de la noche, sin intermediario alguno.