Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXIII. Así pues, convocó el Senado en virtud de su potestad tribunicia. Después de iniciar su alocución, se le rompió la voz entre sollozos, como si le dominase un insufrible pesar, y afirmó que desearía que le faltase no sólo la voz, sino también la vida. Acto seguido, entregó el escrito a su hijo Druso para que acabara de leerlo. Traído entonces el testamento de Augusto y autorizada únicamente la presencia de los testigos signatarios pertenecientes al orden senatorial, mientras que los otros testigos examinaron sus sellos fuera de la Curia, se procedió a su lectura por medio de un liberto. El testamento comenzaba así: «Ya que el cruel destino me arrebató mis hijos Cayo y Lucio, Tiberio César será mi heredero, recibiendo la mitad más un sexto de la herencia». Estas palabras acrecentaron la presunción de los que opinaban que había nombrado sucesor suyo a Tiberio, más por estricta necesidad que por propio deseo, puesto que no se había abstenido de semejante prólogo.